Aunque con frecuencia se caracterizan por su claridad meridiana, los comportamientos colectivos también encierran sus misterios. Es lamentable la especie de apatía que generan sobre la ciudadanía los escándalos de corrupción, el nepotismo sistemático y el clientelismo de nunca acabar que ocupan el primer plano de la actividad política nacional. Esa sumisión frente a lacras tan condenables en cualquier sistema social contrasta con el surgimiento de genuinos movimientos reivindicativos que han elevado el perfil de la nación, como aquellos que se manifestaron contra los abusos del régimen militar. Una conducta de complacencia es la respuesta cotidiana salvo excepciones de la sociedad frente a los actos de corrupción. Son muchos los que se sienten hastiados y asqueados, sin embargo la queja no pasa de tibio reclamo. La lucha contra la corrupción no es una prioridad en la agenda de los movimientos colectivos, lo que anima a quienes utilizan en su provecho personal las funciones y los medios públicos. Según un reciente decreto, en las escuelas los alumnos deberán recitar un credo en favor de la honestidad. De poco servirá una iniciativa de este tipo, si frente a la corrupción el comportamiento social es de manifiesta tolerancia, de laissez faire, como si el fenómeno no frenara el desarrollo y erosionara la convivencia democrática.
Hoy por Hoy 2003/02/06
06 feb 2003 - 05:00 AM
