El cobarde ataque de insurgentes colombianos a comunidades de Darién ha causado conmoción en Panamá. Una columna de hombres armados se ensañó contra indefensos lugareños, al llevar a esos remotos poblados terror y muerte. No es la primera vez que irregulares cometen fechorías en suelo darienita. Las autoridades panameñas debían saberlo, sin embargo en las comunidades víctimas de la incursión los agentes policiales brillaban por su ausencia. ¿Por qué no se encontraba un solo efectivo policial en el área? ¿Acaso no merecen ser protegidos aquellos compatriotas, máxime cuando están expuestos a los rigores de una guerra en el vecino país? Los insurgentes colombianos aprovechan el vacío del Estado panameño en aquella región para sus agresiones. ¿El presidente Uribe no se había comprometido recientemente con la presidenta Moscoso en que reforzaría la seguridad de la frontera por el lado colombiano? La crisis más grave que vive el país no es el déficit fiscal, la falta de inversión extranjera, el aumento de la brecha entre ricos y pobres ni la escasez de agua potable en comunidades rurales y poblados: el problema mayor está en Darién. Allí masacraron a cuatro compatriotas y secuestraron a tres ciudadanos estadounidenses. La operación fue perpetrada por profesionales de la guerra. Las armas utilizadas demuestran que esta vez no fueron solo a intimidar, sino a matar. Son razones suficientes para que las autoridades intervengan de inmediato y les ofrezcan garantías mínimas a los pobladores de aquella abandonada provincia.
Hoy por Hoy 2003/01/22
22 ene 2003 - 05:00 AM
