Los poblados panameños fronterizos con Colombia están abandonados a su propia suerte. Este fin de semana se registró una nueva incursión a nuestro territorio de un grupo de insurgentes del vecino país, que dejó a su paso una estela de terror con la muerte de cuatro lugareños de la comunidad de Paya, en Darién, que tiene una población aproximada de quinientos habitantes. Con saldo, además, de un herido y varias personas desaparecidas, este evento confirma la necesidad de materializar, de una vez por todas, una eficiente política de seguridad y vigilancia en esos territorios abandonados. De nada nos sirve mantener una actitud reactiva, que, ante cada nueva intrusión guerrillera, se limita a mandar a los sitios afectados contingentes policiales para restaurar la seguridad ciudadana durante breves períodos. El conflicto interno de Colombia ha alcanzado proporciones inauditas. Nuestras autoridades no pueden permitir que esta violencia rebase las fronteras y se instaure, impunemente, en nuestro territorio. No podemos darnos el lujo de perder Darién en manos de la violencia insurgente. De allá a la capital mediaría un breve trecho para que nuestra realidad cotidiana sea contagiada con nuevos accesos de violencia que se sumarían a los que ya padecemos a causa de la criminalidad. Por el bienestar de Darién y por el del resto del país, esperamos que esta vez sí nuestros estamentos de seguridad estén trabajando en ello.
Hoy por Hoy 2003/01/21
21 ene 2003 - 05:00 AM