La violencia es un problema que requiere de la acción inmediata de todos los ciudadanos. Equivocados están quienes piensan exclusivamente que, con redadas y batidas, se podrá controlar a los delincuentes. Ellos están bien organizados y solo pueden ser controlados si la sociedad y el Estado implantan una acción estratégica eficaz. Con la llegada en 1999 de la administración Moscoso al poder y la salida de los estadounidenses de la franja canalera, el Ministerio de Gobierno y Justicia, encabezado entonces por Winston Spadafora, diseñó una estrategia nacional de seguridad, que fue consensuada entre todos los partidos políticos. Tres años después, recién posesionado un nuevo ministro de Gobierno, se informa que en los próximos días se anunciará una nueva estrategia contra el crimen. Por lo visto, no ha habido ni hay un manejo integral de la seguridad ni un plan estratégico para combatir la violencia. Aunque la responsabilidad principal en el combate a la criminalidad corresponde a la Policía Nacional, se precisa la contribución de otros sectores. Los legisladores deben aprobar leyes que endurezcan las sanciones al crimen organizado, los maestros deben reforzar las nociones de civismo y los padres de familia deben criar hijos dentro de un ambiente de verdadero hogar. Una acción efectiva en el combate de este flagelo debe involucrar no solo a las fuerzas policiales, sino a todos los estamentos del Estado.
Hoy por Hoy 2003/01/14
14 ene 2003 - 05:00 AM