La violencia se ha entronizado en nuestro país. Crece el número de hechos cotidianos que siegan vidas humanas y ponen en peligro la seguridad personal y colectiva. Ante el avance de la criminalidad, es pobre y carente de imaginación la respuesta oficial. La ciudadanía reclama, con justa razón, una vigilancia policial efectiva y eficiente, sin embargo se encuentra con una autoridad que cree que el incremento de recursos financieros para la administración de la fuerza pública es la panacea para todos los males. La propia concepción del combate a la criminalidad tiene que cambiar. El pito y el tolete policiales resultan anticuados en la represión de los delitos, que en la época contemporánea están a cargo de grupos altamente organizados y con poderosos recursos económicos, que desafían el poder del Estado, que está en la obligación de atacarlos con precisión y firmeza. Para extremar la protección a la comunidad y por su supervivencia, de la policía tradicional debe emerger una entidad profesional, con un nuevo perfil y con estrategias tecnificadas para prevenir y también enfrentar el crimen. Con urgencia se necesita la formación de un cuerpo de policías capaz de intervenir con profesionalismo y eficacia frente a la comisión de actos delictivos de mayor complejidad y trascendencia. La violencia está arruinando la paz y la armonía de la convivencia ciudadana y todos debemos empeñarnos en frenarla.
Hoy por Hoy 2003/01/12
12 ene 2003 - 05:00 AM