Puerto Armuellles y el conjunto del distrito chiricano de Barú padecen su peor depresión, tanto material como moral. Como si no fuera poco, los nuevos dueños de la compañía Chiquita Brands cancelaron cualquier financiamiento para la operación de su subsidiaria PAFCO, responsable por la explotación de las fincas bananeras. La situación baruense es tan asfixiante, a tal punto que el desempleo ronda el 50%, un índice superior al de la castigada ciudad de Colón. A las familias del distrito más suroccidental panameño las persigue el fantasma de Divalá, el vecino corregimiento de Alanje, cuya economía, también fundamentada en el banano, colapsó el año pasado, con lo que se profundizaron los niveles de pobreza, desnutrición y deserción escolar. Ni el Gobierno nacional ni ningún otro actor económico deben ignorar que el banano dejó de ser el oro verde. En el mercado internacional, ese producto al igual que el café y el azúcar se cotiza en forma sistemática a un nivel bajo. Ante esa desventaja, que erosiona la economía del banano, faltan con urgencia opciones novedosas que contribuyan a reanimar la economía de aquella golpeada zona. Ni la inacción ni posiciones intransigentes revertirán el cuadro de hoy, que es inquietante y desolador.
Hoy por Hoy 2003/01/05
05 ene 2003 - 05:00 AM
