Los ojos de este diario seguirán abiertos el próximo año para denunciar a quienes manchen con su indecencia los bienes del Estado. Nuestro compromiso con Panamá se resume en que la población conozca la verdad. A lo largo de su historia, el periódico La Prensa ha demostrado estar dispuesto a pagar el costo que sea necesario para cumplir con esta sagrada misión. Panamá no merece ser pobre. Su Canal interoceánico, un sólido sistema financiero internacional y el comercio robusto que se realiza desde sus puertos, se suman al esplendor de su belleza natural y al encanto de su gente. Estas ventajas, sin embargo, no sirven de nada si las leyes son solo para los más débiles. La manera en que Panamá puede alcanzar un crecimiento económico sostenible solo es posible interesando a los inversionistas para que impulsen sus proyectos en este territorio. Ellos son los que pueden generar los empleos y la riqueza a los que aspiran los panameños. Los inversionistas desean que se cumplan las leyes, tal como están escritas y no como a cada cual le conviene interpretarlas, como sucedió con la Ley de Transparencia, y también es importante para ellos saber que hay coherencia en el comportamiento de la clase política, de los gobernantes y de las organizaciones sindicales. Cuando nos propongamos salir de esta posición de país tercermundista, lo haremos. Nadie creyó que pudiéramos superar en 1990 los estragos causados por la dictadura militar y la invasión estadounidense, pero lo hicimos. Un año después, era difícil creer que hubiésemos pasado por una década perdida. Claro que se puede.
Hoy por Hoy 2002/12/31
31 dic 2002 - 05:00 AM
