La presidenta, Mireya Moscoso, declaró el lunes que las reformas tributarias son rechazadas por la población porque no han sido ampliamente explicadas, que es igual que decir que el pueblo no entiende lo que está en juego. Además de reflejar desprecio hacia las clases populares, estas declaraciones son deprimentes porque dan la impresión de que la presidenta no ha entendido el alcance de las reformas. ¿Qué más se puede pensar después de meses de diálogos y discusiones con representantes y gremios empresariales, laborales y profesionales, y múltiples promesas de que no se aprobaría nada sin el consenso de las partes? El gobierno emprenderá en enero una costosa campaña de divulgación sobre las reformas, a través de avisos publicitarios pagados que serán insertos en los medios de comunicación, como si tratara de vender jabones o cervezas. ¡Qué desfachatez! Lo que no consiguen entender los altos personeros del Ejecutivo es que el rechazo del pueblo se debe, más que a los vicios de las reformas, a la total falta de autoridad moral de este gobierno y su manifiesta incapacidad para controlar el gasto y el despilfarro. Moscoso asegura que, con la ley, que ayer sancionó, se conquista la equidad tributaria. Equidad es lo que menos se logra con la iniciativa. El país y su gobierno, por el contrario, tienen mucho más que perder con la ley tributaria.
Hoy por Hoy 2002/12/27
27 dic 2002 - 05:00 AM