De los pasos y las acciones de los políticos nada debe sorprender. Aunque sí indigna la crónica amnesia que sufren y cómo, con testarudez y en forma olímpica, desoyen y desatienden el sentir popular. Aún no se ha disipado el malestar que ocasionó en el conjunto de la sociedad el escándalo de los afudólares, consistente en la denuncia del pago en metálico a cambio del voto de los padres de la patria, ya fuese para la aprobación del contrato del CEMIS o la ratificación de magistrados. Con el escándalo se evidenció lo que todos sospechaban; que buena parte de la clase política local no tiene ningún reparo de aplicar de manera sistemática prácticas clientelistas y de corrupción. Las consideran parte integrante del ejercicio político. En cualquier escenario y en cualquier situación salen a relucir estas nocivas premisas. El Ejecutivo muestra su mejor esfuerzo en lograr la aprobación legislativa del proyecto de reformas tributarias, que ha sido rechazado por la mayoría de las organizaciones profesionales, empresariales y sindicales. En la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa encuentra un ruidoso eco. Acusados ayer de traidores, y distanciados del Palacio de las Garzas, esos legisladores, en un santiamén, obtienen el perdón presidencial y, cual hijos pródigos, están a punto de ser readmitidos en las filas arnulfistas. Es la política clientelista en acción, caradura hasta morir. No sorprende, pero indigesta e indigna.
Hoy por Hoy 2002/12/17
17 dic 2002 - 05:00 AM