La democracia panameña está viviendo un difícil momento. Distintas fuerzas intentan por todos los medios alterar la función de los partidos políticos como instituciones fundamentales del sistema democrático. Los partidos no son clubes sociales, sino verdaderas instituciones públicas. Hasta hoy sus dirigentes reciben subsidios electorales, se reparten las curules en los circuitos y, como si no fuese suficiente, al fragor de los humores políticos, cierran los libros de inscripción. Lo peor es que quienes adoptan las decisiones más importantes se resisten a rendir cuentas sobre la identidad de los donantes para sufragar las campañas electorales. La palabra transparencia no existe en el diccionario de los caudillos locales. Lo que impera es lo más parecido a una nociva partidocracia. Es lamentable que el Tribunal Electoral -con una credibilidad en descenso- acepte que en sus propias narices se eche abajo la fórmula de elecciones primarias intrapartidarias, al proponerse que sea opcional su realización. Las primarias representan un sustancial avance en la democratización de la vida pública y son un antídoto contra la dedocracia y el caciquismo, que tanto estrago han causado a la institucionalidad de nuestros países. Los legisladores tendrán la última palabra en esta materia. Se espera que la inteligencia prevalezca y que acabe con la sinvergüenzura política imperante.
Hoy por Hoy 2002/12/06
06 dic 2002 - 05:00 AM
