Es evidente que la mala alimentación de miles y miles de panameños se ha constituido en un verdadero problema nacional. No se trata de una cuestión solamente cultural o estética. El déficit nutricional es provocado, entre otras causas, por la alimentación chatarra. Es originado por la sobreoferta de comidas rápidas y también por los hábitos y condicionamientos de la vida urbana, que dificultan el poder disfrutar de la comida casera. El exceso de gaseosas y golosinas completa el cuadro de una composición dietética pobre y desequilibrada. Los efectos se manifiestan luego en problemas de atención y de aprendizaje, trastornos en las conductas, síntomas que muchas veces se asocian a cuestiones psíquicas o emocionales, pero que obedecen también a motivos físicos concretos. Esta forma silenciosa de desnutrición deja secuelas, algunas visibles y otras que quedan registradas como déficit social en los indicadores de desarrollo humano. Por eso es que debe haber una política de educación y atención alimenticia que acompañe a niños y jóvenes, ofreciéndoles mejores herramientas para su crecimiento y su salud integral. Tareas como estas son las que deben caracterizar la gestión pública de nuestras autoridades.
Hoy por Hoy 2002/11/06
06 nov 2002 - 05:00 AM