Es de una sencillez apabullante. Su verdad es tricolor: es un no a la violencia política, como la Guerra de los Mil Días, que precedió a la determinación separatista de Colombia. El pabellón es un canto a la tolerancia, a la rectitud y al trabajo. Clandestinos en su origen, su diseño y su costura reúnen, en su idea y sus estrellas, el sentido de este pedazo de tierra que brotó del mar hace 3 millones de años. No sin traumas y espíritus pendencieros, esta tierra alberga una comunidad multirracial y multicultural formada por sus aborígenes y gente de todos los confines del planeta. Mientras los conflictos religiosos aturden al mundo en los Balcanes y en Oriente, este lugar practica el ecumenismo. Ojalá que así sea por siempre. Con el Ancón recuperado, es obligante hoy a cada panameño (¿y por qué no a cuanto politicastro suelto?) tirar al basurero el crónico laissez-faire que caracteriza a buena parte de quienes han nacido en esta tierra, y en la acción cotidiana fortalecer la misión de esa antorcha surgida al calor del movimiento separatista de 1903. Tolerancia, rectitud y trabajo: con ellos se honra a quienes contribuyeron a forjar una patria y se atiende el mandato del ideal tricolor. ¡Feliz día de la bandera!
Hoy por Hoy 2002/11/04
04 nov 2002 - 05:00 AM