Las autoridades han intentado solucionar el problema del transporte público, pero lo que han conseguido es agravarlo al otorgar cupos en forma indiscriminada, sin detenerse a estudiar realmente la situación. Urge entrar al fondo del asunto, reeducando a los transportistas para que tomen conciencia de la responsabilidad que les compete. De lo contrario, accidentes como el de ayer, que dejó cinco muertos, además de luto y dolor a sus familiares, seguirán repitiéndose en perjuicio de los usuarios y de la población en general. La solución no se encuentra en uniformar a los conductores ni en desarticular a los taxis pirata ni en colocar policías y señales de tránsito que nadie respeta. Es irónico que precisamente durante la Semana de Prevención de Accidentes, un conductor con 24 boletas vencidas esté suelto por las autopistas convertido en un arma mortal. Hay que buscar la manera de que los transportistas no se vean obligados a andar como almas que lleva el diablo para lograr el dinero necesario para subsistir. Los accidentes seguirán ocurriendo mientras la competencia esté en la ruta y no por la ruta. Se impone que el Gobierno emprenda una acción seria en el revisado de los vehículos para que estos reciban el mantenimiento adecuado. Solamente después de una reforma integral en este sentido, la comunidad podrá sentirse segura en las calles y avenidas del país.
Hoy por Hoy 2002/10/31
31 oct 2002 - 05:00 AM