Por su talante, su generosidad y su habilidad personal, monseñor José Sebastián Laboa quedó íntimamente ligado a la historia reciente de Panamá. Ayer falleció a los 79 años en San Sebastián, España, después de padecer una enfermedad que lo mantuvo en cama más de año y medio. Durante los siete años que estuvo radicado en Panamá, en calidad de representante diplomático de la Santa Sede, Laboa se convirtió en un ejemplo viviente de compromiso con el prójimo particularmente en un periodo de turbulencia política y violación sistemática de los derechos humanos. Con una perseverancia admirable luchó porque nuestro país transitase, cuando todo parecía perdido, por senderos de democracia y paz. Fue protagonista de un episodio político y diplomático internacional poco común: en medio de la invasión de 1989 y de un ambiente de alto voltaje, recibió como asilado a Noriega, lo persuadió para que se entregara a las tropas de Estados Unidos, a las que exhortó y reprendió cuando debió para que no se precipitaran en una eventual captura del militar. Actores de los bandos en disputa unánimemente admiten que Laboa fue factor determinante para impedir una catástrofe mayor. Nunca ocultó el nuncio que Panamá lo marcó, como él marcó una época de la historia patria. Panamá entera rinde homenaje a un hombre admirable que entendió la idiosincrasia nacional y, en medio de las turbulencias políticas, supo estar a la altura de las circunstancias.
Hoy por Hoy 2002/10/25
25 oct 2002 - 05:00 AM
