El progresivo deterioro de la salud pública no es ajeno a lo que está sucediendo en otros campos de la política social y económica. Con el alto nivel de gasto, similar al de otros países que ya aseguran un sistema de salud eficiente, es inexplicable que en Panamá no alcancen los recursos ni siquiera para garantizar el control de las pestes y las enfermedades. El país llegó a una situación límite. Hay malaria por doquier, la tuberculosis regresó para quedarse, el virus hanta sigue rondando y el dengue también. Son necesarios nuevos libretos para viejos problemas. Hace falta una verdadera mutación, capaz de responder a los cambios de la población y de los componentes asistenciales. De allí que en la acción de gobierno debe ser prioritario poner en marcha un nuevo modelo, que permita mejorar la salud y que proteja, a través de un verdadero sistema sanitario, el bienestar de toda la población. Ello supone un Estado dispuesto a recuperar su protagonismo a la hora de discernir hacia dónde orientar el gasto y la inversión, e identificar aquellas áreas en las que es imprescindible su intervención. Hasta ahora la pelea contra los gérmenes, virus y bacterias la estamos perdiendo. Recuperar el estado de salud no puede esperar. Para mañana puede ser muy tarde.
Hoy por Hoy 2002/10/19
19 oct 2002 - 05:00 AM
