Panamá es un país inverosímil, en el cual constantemente ocurren cosas que desafían hasta la imaginación más audaz. Por disposición constitucional, los vicepresidentes de la República tienen, como principal función, reemplazar, al presidente de la República, por su orden, en caso de falta temporal o absoluta del presidente. Por distintas razones, la ausencia de la presidenta coincidió con las vacaciones del primer vicepresidente, y pocos días después el segundo vicepresidente también viajó al exterior. La Constitución dispone que cuando las faltas del presidente no puedan ser llenadas por los vicepresidentes, ejercerá la Presidencia uno de los ministros de Estado, elegido en el Gabinete por mayoría de votos, quien tendrá el título de ministro encargado de la Presidencia de la República. Nada de lo previsto constitucionalmente se cumplió o se hizo, y si se hizo, no fue informado como debía hacerse. En todo caso, nada ocurrió, como si las funciones presidenciales y vicepresidenciales carecieran de importancia. Es el viejo sueño anarquista: poder prescindir de los gobiernos. Así las cosas, no sería sorprendente que un día Panamá aparezca en una obra de Ripley, bajo el título Aunque usted no lo crea.
Hoy por Hoy 2002/10/16
16 oct 2002 - 05:00 AM
