Después del ayuno informativo oficial sobre el paradero de la principal autoridad de la Nación, se divulgó que la presidenta Mireya Moscoso salió bien librada de una cirugía que le fue practicada en una ciudad de Estados Unidos. Reconforta que la mandataria se encuentre en perfecto estado de salud, como afirma un comunicado emitido por la Presidencia de la República. El hermetismo con que se ha tratado el viaje -lo que es moneda corriente en decisiones palaciegas que son de legítimo interés público- denota, no solo una falta de respeto hacia la ciudadanía, sino un trauma del que adolece la institución democrática por la falta de responsabilidad -y hasta por el desconocimiento de sus deberes- de las autoridades constituidas. El jefe del Estado tiene el derecho de viajar dentro o fuera del país, privada u oficialmente, para los fines que estime conveniente. La Constitución incluso establece que podrá ausentarse, en cada ocasión, hasta por diez días, sin solicitar autorización a la Asamblea Legislativa. Por la alta jerarquía que se le ha asignado, sin embargo, tiene el deber de comunicarlo adecuadamente a quienes le han conferido esa dignísima responsabilidad. Durante varios días los panameños no supieron a ciencia cierta dónde estaba su jefe de Estado ni quién llevaba las riendas de la Nación, lo que no contribuye en nada a afianzar la joven democracia.
Hoy por Hoy 2002/10/12
12 oct 2002 - 05:00 AM
