La convocatoria a las pasadas sesiones extraordinarias fue un extraordinario y costoso error. De nada sirvieron las advertencias que muchos hicieron sobre la inconveniencia de dar al tema educativo un tratamiento precipitado, irresponsable, peligroso e innecesario. Unicamente se aprobó un proyecto sobre el Seguro Educativo, cuya urgencia se olvidó porque tardaron casi un mes en sancionarlo y promulgarlo. Ahora, han transcurrido más de cinco semanas de legislatura ordinaria y todavía el Ejecutivo no ha presentado a la consideración de la Asamblea los otros proyectos producto del supuesto consenso alcanzado en los diálogos por la Educación. ¿Cuál era la prisa? Según parece la urgencia obedecía a consideraciones muy distintas al quehacer educativo. El único resultado práctico alcanzado fue impedir que los legisladores mantuvieran la inmunidad que los ponía a salvo de las investigaciones que el Ministerio Público inició sobre la aprobación del CEMIS y la ratificación de los nombramientos de dos magistrados en la Corte Suprema de Justicia. Los defensores oficiales y oficiosos del actual gobierno solo oyen, ven y dicen lo que estiman conveniente a sus intereses. Los que no tienen esos prejuicios consideran las sesiones extraordinarias como dignas de toda sospecha.
Hoy por Hoy 2002/10/09
09 oct 2002 - 05:00 AM
