Entre las muchas aberraciones que tanto abundan en nuestro contrahecho y kafkiano mundo jurídico-político, reluce con luz propia la de permitir a los partidos políticos que decidan cuándo han de abrir sus libros de inscripción para permitir que otras personas ingresen a ellos. En un país como Panamá, en donde no hay candidaturas independientes para legisladores, presidente y vicepresidentes de la República, son indispensables los partidos para ejercer el derecho ciudadano de ser elegido para los cargos más importantes. Así parece reconocerlo la Constitución, en su artículo 132, cuando declara que los partidos son instrumentos fundamentales para la participación política, pero con su ambigüedad característica añade que sin perjuicio de la postulación libre en la forma prevista por la ley. En síntesis, no hay verdadera democracia, porque nunca se quiso; lo que hay es una partidocracia que funciona con los mismos criterios aristocráticos u oligárquicos, que son propios de los clubes sociales. ¿Hasta cuándo toleraremos una democracia tan contrahecha?
Hoy por Hoy 2002/10/07
07 oct 2002 - 05:00 AM
