Uno de los múltiples problemas que tiene el país es el embudo vehicular que se produce diariamente en las vías de acceso al Puente de las Américas durante las horas pico de la mañana y de la tarde, cuando los automovilistas se dirigen al trabajo o regresan a sus casas. En este período de tiempo reina la congestión, la contaminación auditiva y la polución de gases tóxicos que afectan la salud de los ciudadanos, amén del deterioro de la productividad y la eficiencia laboral. Los consabidos tranques en varios puntos de la ciudad ponen de manifiesto el fracaso del sistema de transporte público que creció, como casi todo en este país, al margen de las previsiones y sin planificación. No se ha logrado desarrollar una red que comunique las avenidas con rutas alternas, y la que existe es insuficiente y de pésima calidad. Los autobuses no tienen horarios establecidos, sino que circulan a la libre y, peor aún, muchos utilizan la vía pública como pista de carreras en perjuicio de los derechos de los vecinos y del resto de los conductores. La solución de este problema requiere del reordenamiento del transporte colectivo, la puesta en práctica de normas que garanticen un servicio de calidad, y una progresiva y razonable extensión de la red entre las barriadas. De otra forma, ni el segundo puente en construcción ni los pasos elevados serán suficientes para salvarnos de los diablos que circulan por las avenidas y calles de este país.
Hoy por Hoy 2002/09/22
22 sep 2002 - 05:00 AM
