La sospecha gravita sobre la Asamblea Legislativa. Aunque poco se han esclarecido, no dejan de ser contundentes las denuncias de que integrantes de ese órgano del Estado recibieron sobornos a cambio de la aprobación del contrato ley sobre el Cemis y la última ratificación de magistrados de la Corte. Dentro de la deteriorada imagen de los órganos de poder, sobresale la del Legislativo. Es mínima la evaluación que le otorga la opinión pública. Con el inicio de un nuevo periodo legislativo, se registró un reacomodo de fuerzas, mediante el cual el oficialismo recuperó la junta directiva, que en los dos últimos años había estado en manos de la oposición. Con ello, han logrado protagonismo figuras cuestionadas. En medio de ese proceso y ajeno a la responsabilidad con los electores que les concedieron sus mandatos y les depositaron su confianza, un grupo de legisladores ofreció un espectáculo deprimente, con gestos y epítetos de grueso calibre. ¿Qué buenas costumbres se pueden predicar entre los jóvenes que cometen desmanes en las calles si los líderes del país compiten con ellos? A falta de argumentos y de la dignidad que deben imperar, urge que en el hemiciclo se respeten, aunque sea mínimamente, algunas normas de decencia y educación.
Hoy por Hoy 2002/09/04
04 sep 2002 - 05:00 AM