Tras el derrocamiento de Hugo Chávez llamemos los hechos por su nombre, Venezuela y quienes ahora la gobiernan se enfrentan a una difícil tarea de renovación institucional. Chávez lo trastocó todo, subvirtió las instituciones, acabó con la independencia judicial y convirtió al Organo Legislativo en un mero apéndice de los caprichos de su presidencia imperial. También lo pervirtió todo, por lo cual el proceso de revertir los cambios será complicado y requerirá de cierta gradualidad para no causar un caos mayor. Como bien dijo Pedro Carmona, presidente interino de Venezuela, el caudillismo ha quedado atrás, las actitudes mesiánicas fueron claramente repudiadas por la nación y condujeron a Venezuela a una profunda crisis. Las medidas de emergencia adoptadas están ampliamente justificadas, incluyendo la disolución de la irresponsable Asamblea que avaló ciegamente todos los caprichos de Chávez, por irracionales que fueran. La tarea no es fácil, porque la estructura gubernamental está íntegramente controlada por personas que fueron directa o indirectamente designadas por Chávez y, tal vez, aún le sean leales. Lo que Venezuela necesita es un gobierno eficiente, que permita la restauración democrática en el plazo más breve posible, y para lograrlo necesitará de la solidaridad y apoyo de todos los gobiernos democráticos del hemisferio.
Hoy por Hoy 2002/04/13
13 abr 2002 - 05:00 AM
