Desde la época del descubrimiento de América, la privilegiada posición geográfica de Panamá la convirtió en punto de encuentro y coexistencia de razas y culturas muy diversas, las que han hecho significativos y enriquecedores aportes a nuestra identidad nacional. Las expediciones a Suramérica, las antiguas ferias de Portobelo, la construcción del ferrocarril transístmico, los trabajos del Canal Francés y luego los del actual, dejaron profundas huellas en nuestra Panamá. La población aborigen, pronto coexistió con españoles, franceses, chinos, hindúes, africanos, estadounidenses, afroantillanos y muchas otras personas de muy distintos orígenes. La diversidad de etnias, credos y tradiciones, es parte inseparable del ser panameño. Por ello es lamentable y preocupante que algunas personas traten de importar conflictos que ninguna relación tienen con el país que los ha recibido con cálida amistad. Los problemas del Medio Oriente, entre israelitas y palestinos, deben quedar confinados a su región de origen. Si algo puede hacer Panamá, es pronunciarse en favor de una negociación que permita lograr la coexistencia pacífica de ambas partes. Es triste que la Universidad de Panamá haya permitido el uso de sus predios para organizar una marcha de odio e intolerancia; es decir, la antítesis de lo que toda universidad debe ser por esencia y definición. Recapacitemos y no hagamos nuestras las intolerancias y fanatismos extraños.
Hoy por Hoy 2002/04/10
10 abr 2002 - 05:00 AM