La calidad de la democracia es en buena parte el resultado de lo que ocurre a lo interno de los partidos. No es suficiente que la sociedad civil se despliegue positivamente, y que los ciudadanos puedan ejercer, y ejerzan, la libertad de expresión junto a las otras libertades. Si a los partidos los anima la idea de construir un mundo mejor, a través de la justicia y el derecho, el activismo democrático será vigoroso. Pero si los partidos enferman, la salud de la democracia también decae. Es por eso que la renuncia voluntaria de los legisladores del PRD a su inmunidad es un acto que merece el reconocimiento ciudadano como un paso acertado en la lucha contra la corrupción. No se trata de un sacrificio, se trata de permitir que el Ministerio Público pueda llegar al fondo de las investigaciones. Ningún partido como tal puede tener un interés legítimo en que la pesquisa no avance. Por eso, llama profundamente la atención la actitud asumida por los legisladores afines al gobierno, que, con algunas pocas excepciones, se resisten a renunciar a su inmunidad. Por la transparencia que urge en el contexto de un acentuado déficit de credibilidad en las instituciones públicas como el que vivimos, sugerimos a la bancada oficialista que recapacite y adopte la actitud que espera de ellos el país.
Hoy por Hoy 2002/03/02
02 mar 2002 - 05:00 AM
