Las interpretaciones de la historia latinoa-mericana oscilan entre el ciclo que se repite indefectiblemente y el mundo in- móvil, en donde nada cambia verda- deramente. Veamos el caso venezola- no: Hugo Chávez se presentó como el salvador del pueblo contra la corrupción de los políticos. Tres años después, la corrupción rampante tiene al país nue- vamente al borde de un conflicto que podría dar al traste con la institucio- nalidad y el estado de derecho. Los partidos políticos, por su parte, no han recuperado aún la credibilidad perdida durante las décadas en que la alter- nabilidad en el poder le insuflaba nueva vida a una partidocracia corrupta. Chá- vez no respeta, en realidad, ni su propia constitución, es decir, la constitución que logró imponer a su medida. Distinto en sus orígenes a Fujimori, el man- datario venezolano comienza a pare- cerse a aquel de modo sorprendente. Es cierto que el fenómeno Chávez no parece estar cerca de su fin, pero todo indica que ya se encuentra en la curva del declive. El reto a que se enfrenta la democracia venezolana radica en co- rregir el rumbo de la nave, no en echar- la al despeñadero. Como ninguna si- tuación histórica es igual a otra, no cabe esperar que un cacerolazo desbanque al pretendido seguidor de Bolívar, de la misma manera que no hay por qué te- mer que la corrupción de los políticos en Panamá conduzca al nacimiento de un líder de boina negra. Mucho peores son las cosas que podrían ocurrir aquí. Para empezar, podría no ocurrir nada, y todos seguirían haciendo exactamente lo mismo que hacen ahora, hasta que sea demasiado tarde para corregir el curso de la historia.
Hoy por Hoy 2002/02/10
10 feb 2002 - 05:00 AM
