Los costarricenses se ufanan de tener la democracia más antigua de América Latina y uno de lo índices de desarrollo más elevados de todo el subcontinente. Algo debe haber entonces en su organización política y social que explique el buen éxito del hermano país, ya que pertenecemos a la misma especie biológica. Veamos: en Costa Rica abolieron el ejército a mediados de siglo pasado y prohibieron la reelección del presidente de la República de por vida. Ni siquiera una figura ganadora de un Nobel, como Oscar Arias, ha podido lograr una reforma en el sistema político que le permita presentarse nuevamente a elecciones presidenciales, por más que ya han concluido tres periodos después del suyo. La inteligencia del régimen tico no termina allí. En Costa Rica los legisladores no pueden presentarse a la reelección porque la Constitución lo prohíbe y no reciben salarios mensuales, sino dietas solo cuando asisten a las sesiones. Las debilidades de la democracia tica -que las tiene- no provienen de la falta de 'profesionalismo' en su clase política. Quizás somos nosotros los panameños los que debemos preocuparnos por tener una clase política profesional, pagada con fondos del gobierno, y que tiene éxito en pasar de un órgano del Estado a otro como quien ocupa distintos cargos en una empresa. Hoy legislador, mañana magistrado, etc. ¿No deberíamos, más bien, pensar en poner a dieta a los legisladores?
Hoy por Hoy 2002/02/02
02 feb 2002 - 05:00 AM