La Constitución de 1972, desgraciadamente todavía vigente, fue hecha a la medida de la dictadura militar, y probablemente inspirada por alguien que conocía el libro con el sugestivo título de Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, escrito por Maurice De Joly. Todo está allí contemplado, desde la Asamblea de Representantes de Corregimiento obviamente sin facultades, el Consejo de Legislación, la forma de manejar la deuda pública y, al final, cómo, si es necesario, se puede montar un escenario con apariencias democráticas. El asunto constitucional fue complicado, porque se creó un Legislativo muy débil, frente a un Ejecutivo con muchos poderes. En aquellos tiempos, la cuestión era intrascendente, porque el presidente no significaba nada y era desechable, como se comprobó una y otra vez. Las cosas han cambiado, aunque algunos, ingenuamente creyeron que se podía gobernar en democracia con la misma Constitución de la dictadura. No es así. El país está en mora de un cambio constitucional profundo, con amplios consensos y sin imposiciones de ninguna naturaleza. Para que tenga coherencia, lo mejor es que el Ejecutivo haga buena su promesa de nombrar a una comisión que prepare un proyecto de constitución que sirva de base para ilustrar a la opinión ciudadana, porque de una manera u otra el cambio constitucional tiene que producirse a corto plazo.
Hoy por Hoy 2002/01/28
28 ene 2002 - 05:00 AM
