El trabajo del niño nunca se presenta como lo que en verdad es. Como se trata de familias pobres, los niños ayudan a buscar ingresos, decimos. Al no haber alguien que los cuide, pensamos que es normal, y hasta bueno, que trabajen mientras acompañan a sus padres. La gente de la ciudad se ha inventado mil razones para no ver las consecuencias reales del trabajo que realizan los menores en el campo. Estudios ya se han hecho muchos, y se sabe que ocho de cada diez niños que trabajan no completarán su ciclo básico de educación. Nadie ignora que sin educación, las posibilidades de obtener un buen empleo son nulas, y que cuando la niñez y la adolescencia se han ido, lo que nos queda es un adulto que ha perdido la oportunidad de educarse y prepararse para que pueda satisfacer las necesidades propias y las de su familia. Entonces, se ve en la necesidad de incorporar a sus hijos pequeños a las tareas productivas, con lo que el ciclo se repite. El trabajo infantil no es forma de incrementar el magro sustento de las familias pobres. Es, más bien, la forma como se perpetúa la pobreza. ¿Cuánto tardará esta sociedad en hacer algo al respecto?
Hoy por Hoy 2002/01/27
27 ene 2002 - 05:00 AM