La justicia ha sido convertida en una eficaz y maquiavélica herramienta por los políticos para acallar y ultrajar medios de comunicación. Cual contagioso virus, estos abusos empiezan a traspasar fronteras. La situación ya es crónica en países como Venezuela y Argentina, donde los atropellos contra reporteros y empresas periodísticas son palpables, y ahora se suma con mayor virulencia Ecuador. Tal intolerancia empieza a tener eco, incluso, en Chile, un país con una sólida democracia.
Ayer, un diputado presentó un proyecto de ley que pretende prohibir a los periodistas insistir en preguntar “de forma imprudente, invasiva y hostigosa” cuando una fuente señale que no quiere ser entrevistada. La protesta por tal disparate legislativo no se hizo esperar, incluso entre los colegas del proponente. Preocupa, entonces, que los políticos crean que son ellos los únicos dueños de la verdad. Si la enfermedad de la intolerancia se agrava en este país, debemos estar preparados para defender el derecho a expresar libremente nuestras opiniones. Mucha sangre se ha derramado por el respeto de ese derecho.
