Una vez más los hechos dejan sin refugio a la demagogia gubernamental. La cinta costera 3 tiene ya nombre, apellido y destino: un ambicioso proyecto inmobiliario en Amador. La pregonada “cinta chorrillera” ha terminado siendo otra manipulación de los pobres de esta ciudad, cuyo entorno y realidad es mejor evitarles a los futuros compradores del majestuoso desarrollo inmobiliario del causeway.
Pero no solo quedan expuestas las intenciones del mandatario y sus amigos ante los panameños: la Unesco tomará nota de que el compromiso adquirido en París por el ministro de Obras Públicas y la directora del Instituto Nacional de Cultura –donde prometieron consultar antes de poner en peligro la categoría de patrimonio mundial de la ciudad antigua– no fue sincero, pues la decisión ya estaba tomada.
Ojalá que el presidente Martinelli y su comitiva, en vez de visitar clubes de fútbol, pidiera asesoría a España en cuanto a la protección de su patrimonio cultural y le explicaran los infinitos beneficios que cada pueblo y región de la península ibérica ha cosechado al haber sabido manejar el desarrollo económico, cuidando siempre de su legado arquitectónico e histórico.
