El presidente Martinelli inició su primer día de gobierno con un gesto simbólico: mazo en mano, fue a demoler en Amador uno de los iconos de la corrupción y el aprovechamiento privado de los bienes públicos de los allegados al poder de presidentes anteriores. En menos de dos años, sus amigos piden ahora justo lo mismo. Así, los gobiernos pasan, pero los negociados son los mismos.
Ahí están las ventas de tierras estatales por míseros centavos; cuestionables e irregulares concesiones de costas, fondo de mar, riberas y playas, todo, absolutamente todo, está en el inventario cuando se está cerca del Presidente. ¿Y si la legislación se interpone en el camino de la codicia? Pues, cambiemos la ley y destituyamos a cuanto funcionario tenga las agallas suficientes para cumplir con la ley.
Lo hicieron los políticos de antes y lo hacen los de hoy. Mientras más conocemos sobre los entretelones de esta administración, más descubrimos la farsa: todo ha cambiado para quedar igual. ¡Pobre Panamá! No queremos más excusas ni más mentiras ni más ataques. Desde Amador le preguntamos, señor Presidente, ¿está usted detrás de este negocio?