El reciente pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Panameña, en cuanto a la preocupación de los obispos por la falta de independencia que observan en los poderes del Estado, no ha encontrado eco en los gremios panameños. Llama la atención la indiferencia, por no decir el silencio, con que actúan quienes al representar sectores importantes de la vida nacional, deben pronunciarse de manera puntual sobre los signos que con alarma oportuna interpreta la Iglesia en este momento del país.
Especialmente lo que concierne al estado de las libertades de expresión e información, y el inexplicable adelanto de la siguiente campaña electoral por parte de las fuerzas políticas beligerantes. Los gremios constituyen sin duda expresión del pensamiento y del sentir de la sociedad, a la cual en su conjunto afectan la política y las acciones del Gobierno. Por eso están llamados a hacer de contrapeso de este y, guardianes del estado de derecho y de la institucionalidad, que son la base de toda democracia verdadera. En cualquier caso, no puede olvidarse que para la democracia existe un peligro mayor que el mutismo: la obsecuencia sin discusión.
