A estas alturas, para nadie es secreto que el peor enemigo del presidente Martinelli es Ricardo Martinelli. Heredero de un mandato contundente, subió al poder con una oposición hecha añicos y una ciudadanía eufórica por quien prometió acabar esa forma burda y deshonesta de hacer política.
Pero con la cancha allanada y a sus anchas, fue surgiendo un insaciable tragaldabas del poder. Recibió un país en crecimiento y con todos los ingredientes dispuestos para dar el gran salto al desarrollo. Pero en vez de respetar y perfeccionar ese sistema democrático que le abrió las vías a su éxito económico y político, se empecina en acumular poder.
El Presidente es un hombre enérgico, un trabajador incansable, pero impulsivo y temerario en los temas de Estado, y el valor de su palabra empeñada cada día arroja más sombras. No hemos superado una bronca, cuando inmediatamente empieza la siguiente. Serenidad, entereza, honestidad y tolerancia son virtudes cuyo ejercicio caerían de maravilla al país... y a su gestión, señor Presidente.
