El gobierno que preside Ricardo Martinelli cumple dos años. Hay aspectos positivos para destacar. El país registra un índice envidiable de desarrollo que estimula las inversiones y con ello el auge de múltiples actividades y la generación de empleo, lo que marca perspectivas halagüeñas que nos acerca a una ocupación plena. La ampliación del Canal y la construcción del Metro le imprimen al país una dinámica optimista, que justo es reconocerle al liderazgo, a veces atrabiliario, del jefe de Estado.
Mientras, subyacen en este panorama los problemas endémicos que se resisten al maquillaje y exigen soluciones de fondo para ver corregidas las deficiencias estructurales que lastran nuestro avance al primer mundo. Esas correcciones demandan visión de largo alcance y una voluntad política ajena a paranoias partidistas y a plazos electorales. En lo que resta de su mandato, el Presidente aún puede enmendar desaciertos y hacer historia como gobernante. Solo que ahora debe trabajar contra el tiempo.
