Pocas veces unas elecciones en la Universidad de Panamá han levantado tanta animosidad como esta. Y la razón es evidente. Basta ver cómo esta casa de estudios se ha contaminado con las mismas prácticas de los malos políticos: clientelismo, concentración de seguidores disfrazada de actividades académicas, presiones a opositores; cambios en leyes para permitir la reelección, y mucho más. La Universidad de Panamá ha dejado ser el faro que era para muchos jóvenes que buscan la oportunidad de un futuro mejor. Ahora es la mayor vergüenza de sus egresados y de todos esos docentes que imparten una educación humanista y moldean conciencias para formar ciudadanos ejemplares. Ese, seguramente, es el deseo de la mayoría de los educadores. Pero muy lejos estamos de eso. Por ello, es imperativo el voto a conciencia, comprometido con el bien de los estudiantes y con el quehacer de la institución. Mucho tiempo ha tenido el actual rector para sacar a este centro de estudios del abismo en el que caído. Nuestros jóvenes merecen instituciones comprometidas con su futuro, no con el deseo de poder de insaciables autoridades que no sienten el menor respeto por la academia ni sus ideales.
Hoy por Hoy 2011/06/28
28 jun 2011 - 05:00 AM
