Las promesas más relevantes del plan de gobierno de Ricardo Martinelli que, según este, se cumplirían “contra viento y marea”, podrían quedar en eso o tal vez en obras apenas comenzadas. Así se desprende de un informe oficial elaborado por el Órgano Ejecutivo, cuando están por cumplirse dos años del actual mandato. Ya dirán en Palacio que se ve el vaso “medio vacío”, cuando en verdad se trata de contraponer los hechos a la demagogia.
Cuando pudo concentrar esfuerzos en el logro de obras estratégicas para el país, el gobernante se lanzó a una vorágine de emprendimientos que exigirían varios períodos y sucesivos gobernantes para culminarlos.
Nadie quiere tan poco este país como para desear que el Gobierno fracase. Todo lo contrario. Pero los políticos deben aprender que la palabra empeñada ante el electorado es una factura de pago obligante contra su presentación. Y si los actuales gobernantes siguen empecinados en apostar a las desproporciones, terminarán siendo doblegados por los vientos y mareas que tan seguros estaban de vencer.