El filósofo y matemático británico Bertrand Russell afirmó con razón que: “La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica; y otra que practica pero no predica”. Los políticos, en particular, ofrecen buenos ejemplos en esta materia. Cuando en campaña condenan la corrupción, la arbitrariedad, el clientelismo y el nepotismo, pero en gobierno los encubren, los fomentan y hasta los ejercen. Cuando en puestos de gobierno, en su condición de altos funcionarios, justifican y reclaman el pago de impuestos de todo tipo; mientras, en su quehacer personal o empresarial, hacen lo impensable por evadirlos.
Recientemente, el presidente Ricardo Martinelli llamó a capítulo a algunos de sus ministros y colaboradores, por estar dedicando tiempo y energías a proponer, debatir, descalificar o abanicar improvisados temas de orden político, en lugar de ocuparse en atender los múltiples problemas que aquejan a la población e impulsar los planes de gobierno. Bueno el mensaje, pero poco menos que inútil si no va acompañado con el ejemplo de quien capitanea el equipo.