Las reformas electorales pudieron discutirse sin el apremio de un período tan corto, como son las sesiones extraordinarias. El desgaste que han provocado los diputados al Gobierno es inexplicable, salvo que la pretensión haya sido llevar el tema al foro público para medir la reacción de la sociedad, pues es un tema nuevo y controvertido. Sea cual sea la motivación, la sociedad panameña ha sido sometida una vez más a la intranquilidad que parece gustar tanto al Ejecutivo.
Pero la segunda vuelta electoral es un asunto que debe ser discutido al margen del conveniente cálculo político, al margen de los apetitos de poder. Se trata de una cuestión que requiere del análisis profundo. Por eso, la suspicacia es inevitable cuando un partido se afana tanto en sus propósitos que irrespeta compromisos, pisotea la institucionalidad o viola acuerdos solo para lograr sus deseos. Los sobresaltos a los que esta Administración está sometiendo a la sociedad son realmente incomprensibles, pues decisiones tan trascendentales no pueden tomarse a la ligera, especialmente si es iniciativa de los políticos.