Hace apenas unos meses el Idaan fue objeto de grandes titulares, a raíz de la crisis de desabastecimiento de agua potable que sufrió parte de la población. En ese momento se pusieron en evidencia las debilidades de la institución, cuyos síntomas recurrentes son las tuberías rotas, las calles inundadas por la ineficiente evacuación de aguas residuales y las casas de cuyos sumideros brotan aguas negras. El Idaan tiene problemas financieros causados por malas administraciones, alta morosidad e incapacidad para facturar parte del agua que provee.
Las inversiones que se han hecho para adecuar sus instalaciones han sido insuficientes o ineficaces; además, no cuenta con suficiente personal técnico. Panameños de los sectores públicos y privados vinculados al sector construcción conocen esta realidad, pero han preferido ignorarla porque atenderla les obligaría a pausar el ritmo de ese crecimiento urbanístico que no sabe de reglas ni de límites. Como consecuencia, el problema sigue allí, latente y amenazante, a la espera de que un gobierno responsable le dé el lugar que merece en la lista de prioridades del país.
