La precaria situación en la que se encuentra nuestro patrimonio histórico es lamentable. La desidia y la evidente falta de interés en la preservación de tantas edificaciones y monumentos han ido causando un deterioro incompatible con las estrategias de desarrollo fundamentadas en el despegue del sector turístico. Y es que no solo se trata del Casco Antiguo. Las fortificaciones de San Lorenzo, San Fernando, San Jerónimo y Santiago de la Gloria en la costa atlántica -también reconocidas por la Unesco como patrimonio histórico- sufren un grado de abandono imperdonable. Urge tomar acciones para recuperar estos sitios, para deleite de visitantes y locales por igual, pues son parte fundamental de nuestra identidad y de nuestra historia.
Es irónico que países vecinos con menos recursos económicos hayan tenido el buen tino de invertir millonarias sumas en la conservación de sus sitios históricos, mientras que en Panamá apenas son migajas las que los gobiernos aportan para este propósito. No podemos dar la espalda a nuestro pasado, porque este es uno de los pilares sobre los cuales debemos construir nuestro futuro.
