Esta administración es, sin duda alguna, una de las que más dinero ha gastado en divulgar las obras que lleva adelante. Cientos de miles de dólares salen de nuestros impuestos para saber de ello. Sin embargo, cuando se le pregunta a un ministro sobre un tema, por lo general su discurso es distinto al del Presidente. Eso le ha pasado al canciller, así como a otros funcionarios.
Ahora le tocó el turno al ministro de Obras Públicas, quien dice que en París se definirá el asunto de la construcción de la tercera fase de la cinta costera –a fin de evitar que el Casco Antiguo pierda su condición de Patrimonio de la Humanidad–, pero muy diferente es lo que afirma el gobernante a quien parece importarle muy poco la opinión de la Unesco en este tema, al punto de que comentó que la ruta de esta fase de la cinta costera está decidida y que si la Unesco lo cuestiona, ese es su problema.
¿A quién debemos creerle? Es obvio que si el Presidente tiene la última palabra en esto, lo que vaya a hacer el titular del MOP a París no será más que un viaje de recreo, pues no importarán las razones, recomendaciones u opiniones de la Unesco. La suerte del Casco Antiguo ya está echada.
