Las inversiones y los gastos el actual gobierno no solo son cuantiosos, son inéditos. El optimismo de las autoridades para afrontar los multimillonarios planes de la administración es pasmosa. Las obras estatales en las que se siente el pie en el acelerador no son de 10 millones ni de 20 millones.
Se trata de obras que tienen nueve ceros a la derecha y le siguen, no pocas, de ocho ceros. ¿Podremos pagar todo ese dinero? Ahora, con esta bonanza que vivimos, todo parece posible. Pero no olvidemos que estas deudas se pagarán a largo plazo y, con una economía que cada día es más dependiente de las importaciones y con socios comerciales sometidos a las inevitables fluctuaciones económicas, nuestro crecimiento económico también puede verse afectado, así como nuestra capacidad de pago.
Muchos aconsejan tener prudencia en el gasto y en las inversiones, porque no hay que olvidar que Panamá no es un país rico ni su economía es grande, de manera que tenemos limitaciones que parecen haber sido soslayadas. Los panameños –que tendremos que pagar por todo– merecemos que se nos diga a cuánto ascenderá la deuda para el final del actual período presidencial.
