La calurosa defensa que han recibido los protagonistas de los escándalos que han sacudido el país en los últimos días, de parte del Presidente de la República, deja clara la inexistente intención de que se investiguen los hechos que se han denunciado en los medios de comunicación. Pueden sentirse seguros Shamah, González y Ho, porque el velo gubernamental cubrirá lo que hayan o no hayan hecho.
Pero eso no significa que el escándalo será olvidado, nada de eso. Quizás el gobernante perdone, pero los ciudadanos no olvidarán, ni tampoco lo hará la oposición, que seguirá presionando la herida, pues no es el encubrimiento el que la sana, sino investigaciones transparentes, sin la ya acostumbrada intervención de terceros que, con una simple llamada, pueden hacer cambiar de opinión a jueces y magistrados.
Y aunque las explicaciones del Presidente son solo una versión de la historia, su discurso seguramente será la última palabra sobre estos casos. Llegar al fondo de todo nunca es posible en Panamá, al menos en lo que se refiere a la formalidad de una investigación judicial. Pero a estos escándalos les sobrevivirán la sospecha, la suspicacia y la desconfianza ciudadana.
