Hace unas semanas, la Relatoría de la Libertad de Expresión de la OEA emitió un informe desfavorable a Panamá. En un ranking de Reporteros Sin Frontera, Panamá retrocedió varias posiciones respecto a la que tenía antes. La Sociedad Interamericana de Prensa también se ha pronunciado sobre acciones que ponen en peligro este derecho en el país. El balance es que esta libertad atraviesa por un mal momento y no será una sorpresa que las cosas empeoren. Si hay algo plenamente demostrado de este gobierno es su intolerancia a la crítica, a los adversarios e, incluso, a sectores amigos que estén en desacuerdo con una decisión gubernamental. Esta administración no se priva de nada para desprestigiar, difamar o hacer daño para silenciar, intimidar o atemorizar a quien se cruce en su camino.
No solo denunciamos las campañas sucias contra periodistas y medios, sino que exigimos el derecho que tienen todos los ciudadanos panameños de poder manifestar públicamente su opinión cuando así lo quieran, en el marco del respeto y la tolerancia. Hoy, aunque el gobierno insiste en que hay pleno goce de esta libertad, lo cierto es que no hay razón para celebrar y sí mucho por qué luchar.
