El presidente Martinelli declaró recientemente que en Panamá se goza de plena libertad de expresión. Su opinión contrasta, empero, con las graves agresiones que se han dado en los últimos meses –bajo su administración– a medios y periodistas, y no estaría mal que estudiara el reciente informe de la Relatoría de la Libertad de Expresión de la OEA. Su gobierno, por ejemplo, ha sido el único –ya que Pérez Balladares no pudo hacerlo durante su administración– en expulsar a un periodista del país postinvasión, porque no le gustaba lo que escribía en su columna.
Y en esa ocasión no expulsó a uno, sino a dos periodistas españoles. A ello hay que añadir cómo medios amigos emprenden campañas sucias contra periodistas o cómo altos personeros del gobierno llaman a fuentes, funcionarios, medios y periodistas con el único propósito de amedrentarlos. ¿Esto es libertad de expresión? No lo es. Eso es, precisamente, temerle a la libertad de expresión.