Hasta cuándo los panameños estaremos obligados a presenciar este despliegue de chapucería de la que hace gala el gobierno cuando, sin ningún titubeo –ni siquiera el que exige la prudencia y el buen gusto–, cambia leyes para acomodar a sus incondicionales seguidores. Jaime Cohen es el nombre que lleva la reforma que se ha hecho a la ley que creó la Autoridad de Aseo. No hace falta, según lo dispuesto ahora, el título universitario para ocupar el cargo de administrador o subadministrador.
Solo hace falta ser amigo del poder... o hermano de un diputado para sacarle provecho al puesto. El cargo que ocupará el señor Cohen no es para recoger la basura, es para administrar recursos, dinero y, lo más importante, para mantener una ciudad limpia, libre de focos de infección. Pero acomodar leyes para satisfacer el infinito apetito político parece más importante que guardar la institucionalidad. Ese será el lamentable legado que nos dejará el Presidente, un país sin rumbo ni principios. Pudo haber sido un estadista, pero la obcecación le impide ver en lo que se ha convertido: en una agencia de empleos.