Toda gran obra se inicia en el pensamiento de una persona. Alguien que tiene una idea y la quiere propagar; o alguien que, tras sufrir un percance personal o familiar, se propone convertir el dolor en energía positiva. El que el Gobierno panameño designe abril como el mes dedicado al autismo es el fruto de la semilla sembrada por un puñado de personas.
Sus nombres, como el de tantas otras gentes que han impulsado y forjado importantes instituciones en este país, quedarán en el anonimato, pero su esfuerzo llevará alivio a muchas familias, en años venideros, siempre y cuando el Gobierno y la ciudadanía se solidaricen. Los autistas no pueden llegar a la sociedad porque nacieron sin los instrumentos neurológicos para hacerlo.
Por consiguiente, le corresponde a la sociedad tender los puentes que permitan llegar a ellos. En este caso, se trata de hacer posible la creación de centros donde los niños puedan recibir atención temprana, no importa en qué región del país habiten, y donde sus padres encuentren las respuestas que necesitan. No los dejemos solos.