Los contrastes en Panamá son tan abrumadores como asombrosos. Este año, el Estado panameño manejará el mayor presupuesto de su historia. Los proyectos de inversión nos costarán no millones, sino decenas y centenares de millones de dólares, pero en los hospitales no hay medicinas para la tuberculosis porque alguien ha dejado de pagar una cuenta de unos 134 mil dólares. Costará más del doble de esa cifra la demolición de la antigua sede de la Embajada de Estados Unidos en Panamá.
Pero el incumplimiento de esa deuda pone en peligro a más de mil panameños que se juegan la vida porque hay un desabastecimiento de medicinas para combatir la tuberculosis que padecen. Es absurdo que estas cosas sucedan en el país de los rascacielos. Estas desigualdades son las responsables de que haya dos países: uno tan real como el otro; uno con pinta de desarrollado y otro en el que viven los desamparados y pobres. Bien lejos estamos de alcanzar el desarrollo pleno si antes, como sociedad y Gobierno, no inclinamos la balanza para corregir estas vergonzosas inequidades.
