El escándalo que rodea a figuras de la Corte Suprema de Justicia es una vergüenza para todo el país y es, sin duda, un bochorno para todo el sistema judicial.
Ya sea el Ministerio Público ya sea la Asamblea Nacional, la investigación sobre este caso debe ser prolija y transparente, y no la caricatura de investigación que ha resultado del caso Cemis, la otra gran abominación de la Corte, no solo por los hechos que se descubrieron en ese proceso, sino por la acostumbrada, y ya proverbial, impunidad en la que quedan todos los casos de alto perfil.
Es importante que el procurador o los diputados asuman su rol de investigadores que les corresponde con la gravedad que las denuncias ameritan. No se trata de simples jueces de circuito, se trata de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, la máxima jerarquía del Órgano Judicial, cuyos fallos son definitivos e inapelables.
Ya tenemos sentado allí a un magistrado que no tiene visa para Estados Unidos, porque se la quitaron por supuestos hechos de corrupción. Ahora surgen sospechas sobre otro magistrado. ¿Cómo podemos tener confianza en magistrados marcados por la sospecha y la suspicacia?
