“El Gobierno Nacional, que encabeza el presidente Ricardo Martinelli, ha mantenido en estos 19 meses de gestión su inquebrantable respeto a los postulados universales de la libertad de expresión y de prensa…”. Así comenzó un comunicado de la Presidencia enviado a los medios a primeras horas de la tarde de ayer. Pero antes del anochecer había arrestado a un periodista cuyo pecado fue expresar su rechazo a la minería. Su otro peor pecado es que no nació en Panamá y por ello no puede manifestar lo que piensa sobre la actividad.
Pero resulta irónico que al tiempo que Martinelli no le permite al “extranjero” expresar su opinión, su gobierno engendra y aprueba una ley que permitirá a gobiernos extranjeros no solo expresarse a favor de la minería, sino explotarla.
A los medios y a la Presidencia han acudido extranjeros a hacer lobby favor de la minería y nadie está preso por eso. ¿Habrían arrestado al periodista si se hubiese manifestado a favor de la minería? Por supuesto que no. Está claro que el Gobierno respeta solo su propia libertad de expresión, el resto no tenemos ese derecho. Entre el discurso y los hechos existe una diferencia abismal.
